Hay lugares donde el mar no es solo paisaje.
Es memoria, trabajo, familia y futuro.
En las costas de Baja California Sur, nuestra familia creció navegando estas aguas mucho antes de que el turismo existiera como una posibilidad. Durante generaciones, como muchas otras familias de la región, vivimos de la pesca. El océano era sustento, escuela y territorio. Entre esas historias también está la pesca de tiburón, una actividad que durante décadas formó parte de la vida en el Pacífico y que hoy también ocupa un lugar en los libros de historia de nuestra comunidad de Agua Amarga.
Ese pasado hoy permanece como un vestigio de lo que fuimos y de cómo han cambiado nuestras formas de relacionarnos con el mar.
Con los años, quienes pasamos la vida navegando comenzamos a ver el océano de otra manera. Las mismas aguas donde trabajábamos nos recordaban constantemente algo más grande: ballenas jorobadas regresando cada temporada después de recorrer miles de kilómetros, enormes grupos de mobulas cruzando el horizonte, y un ecosistema extraordinario que merecía algo más que ser explotado.
Así comenzó una transición natural para nuestra familia.
Poco a poco dejamos atrás la pesca y empezamos a compartir el mar de una forma distinta: guiando a quienes querían conocerlo, mostrando la vida marina que siempre había estado ahí y construyendo un modelo de turismo que nace desde la experiencia real de quienes crecieron en el océano.
Hoy nuestro trabajo consiste en eso: abrir una ventana al mar.
Cada temporada seguimos asombrándonos con los encuentros que estas aguas ofrecen, pero también entendemos que nuestra labor va más allá de mostrar un espectáculo natural. Creemos que el turismo puede convertirse en una herramienta para que las comunidades costeras construyan un futuro distinto, uno donde la conservación y el conocimiento del mar tengan un papel central.
Nuestro presente está en compartir el océano con respeto.
Nuestro futuro está en demostrar que es posible vivir del mar mientras se protege.
Y nuestra historia, como siempre, sigue escribiéndose ahí afuera, en el agua.